domingo, 8 de diciembre de 2013

NOCHE DE SEXO

Entré en la casa despacio, sin apenas hacer ruido. Al cerrar la puerta me quité los zapatos y, a medida que me iba acercando al dormitorio, iba quitándome una prenda de ropa dejándola tirada por el suelo.

Había luna llena. Aunque la habitación estaba a oscuras, un poco de luz entraba por la ventana.

Una sombra en la cama hizo que sonriera, me acerqué sigilosamente y me quedé mirándolo, rocé su cara con las yemas de mis dedos. No se despertó, dormía profundamente.

Aparte las sábanas y pegué mi cuerpo desnudo al suyo. 

En ese momento se despertó -¿Has llegado? mmm, te estaba esperando, pero no pude evitar quedarme dormido.

No te preocupes - le dije.

-¡Dios, estas congelada!, que manos más frías.

¿Porqúe te crees que no te toco? -le dije.

-Espera - me contestó.

Sin mediar palabra, cogió mis manos, y con cariño y paciencia las calentó.

Mi cuerpo se movía, deseoso del suyo.

Sus manos y su cuerpo reaccionaron a mis movimientos.

Empezó a recorrer mi cuerpo con sus manos, mis manos también recorrían el suyo.

No necesitábamos palabras, nuestros cuerpos lo decían todo.

Entrelazamos nuestras piernas mientras nos besábamos.

Noté su erección, era imposible no notarla.

El frío despareció de mi, me sobraban las sábanas.

Comencé a explorar su cuerpo.

Primero su boca, su cara, el lóbulo de su oreja (uno de sus puntos débiles), su cuello. Iba recreandome con mi lengua, mis labios, mis manos. No tenia prisa.

Seguí bajando, mis dedos se introducían en el vello de su pecho.

Mordiqueaba sus pezones, su pecho, laterales y aunque a veces le hacia un poco de daño, yo seguía mi camino, bajando por su cuerpo.

Lo deseo, me excita tanto.

Llegué a su pene, me esperaba ansioso, con tantas ansias como yo de él.

Lo introduje en mi boca, hasta mi garganta. Entraba y salia de mi boca, a veces despacio, a veces con rapidez. Mis labios lo aprisionaban, succionándolo, mi lengua lo recorría. 

El se estremecía de placer.

Una de mis manos tocaban sus testículos, entraron en mi boca, mientras con la otra mano le tocaba el periné.

Seguí de nuevo subiendo con mi lengua, hasta meterla de nuevo en mi boca, con ansias, con deseo, con lujuria...

Ninguno de los dos quería llegar al climax aún. Así que subí, abrí mis piernas y puse mi sexo en su cara.

Mientras sus manos sujetaban mis glúteos, a la vez que me azotaba suavemente, su lengua se apoderó de mi sexo.

Hizo que llegara al orgasmo.

Me abracé a él.

Con sus fuertes brazos, me puso boca arriba y su boca siguió buscando mi sexo. 

Notaba su lengua, sus dedos.

El placer era inmenso.

Me dio media vuelta, poniéndome boca abajo. Mi cuerpo estaba en sus manos.

De una sola embestida me penetró, haciendo que se escucharan mis gemidos en toda la habitación.

Siguió lamiendo mi sexo desde atrás, mi cuerpo se arqueaba, buscándolo, sediento de sus caricias.

Me penetró de nuevo y ya no hubo marcha atrás, su cuerpo se movía con el mio, nuestras manos tocaban a la vez el cuerpo del otro, girando la cabeza, buscando nuestras bocas.

Embestida tras embestida, llegamos al climax.

Nos abrazamos, nuestros cuerpos se fundían perfectamente en ese abrazo.

Mis manos seguían acariciando su cara, sus labios, su espalda, su brazo.

Mis labios besaban su cara dulcemente.

El se deja hacer, igual que un gatito mimoso.

Aún tengo sed de él, de todo su cuerpo.

Está agotado, seguimos abrazados. Sus ojos se cierran, mi cuerpo lo acompaña, se deja llevar por el sueño, no sin antes tener un último pensamiento antes de quedarme profundamente dormida:

"Le despertaré de nuevo..."








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